Reflexionemos todos: “un poco de cordura, por favor”

0
372

¿QUÉ ES LA CORDURA? CAPACIDAD DE PENSAR Y OBRAR CON BUEN JUICIO, PRUDENCIA, REFLEXIÓN, SENSATEZ Y RESPONSABILIDAD.

Recuerdo cuando yo jugaba al fútbol en aquellos campos de tierra de Palomeras Bajas, en Vallecas, donde entonces había muy pocos equipos. Digo equipos, no digo clubs ni escuelas como se vienen denominando actualmente los “equipos-clubs”. Qué tiempos. Donde solamente nosotros y nuestros amigos del barrio o colegio nos juntábamos para dar patadas a un balón. Y creerme que lo hacíamos bien. Y de aquel niño que era el que “ponía el balón” que generalmente era el que su familia tenía “cuartos” para comprarlo y debía de jugar, y como era “flojito” terminaba siempre de portero o de delantero; pero tenía lo imprescindible, un balón.

Pablo García haciendo un ejercicio de retrotraimiento personal, hace ya unos pocos años, para poder así iniciar este relato

Salvo el Rayo Vallecano que disponía de equipo infantil (lo que ahora es cadetes) y jugaba en la liga de la federación castellana por aquel entonces, en el barrio la gente que quería jugar tenía que hacerlo en ligas locales que generosamente organizaban asociaciones de vecinos o culturales para que los niños hiciéramos deporte. Cuanta ilusión y cuanta generosidad sin tener apenas recursos. Muy pocos años más adelante se dieron los comienzos del Juventud Madrid, y posteriormente los desaparecidos Pastelerías Mallorca y Pozo Vallecano. Y Adepo Palomeras un poco después. Y en el resto de los barrios de Madrid, la evolución fue muy similar.

Por aquel entonces, hablo del año 1977, la ilusión de todos los chicos era jugar para emular a los ídolos de la época como siempre ha sido, es y seguirá siendo. En eso no ha cambiado nada. Pero nosotros íbamos solos acompañados de nosotros mismos. Muy raro era ver a algún chico acompañado por sus padres, o por alguno de ellos.

Mayo de 1977. Equipo Infantil del colegio San Pablo en el Alto del Arenal (hoy en día categoría cadete)

Eran, efectivamente, otros tiempos. Ni mejores, ni peores, diferentes. Como todo en la vida, en algunas cosas mejor y en otras peor. Pero ahora esta no es la cuestión. Para acabar con esta introducción nostálgica, tengo un recuerdo grabado en la memoria. Mi padre sí vino una vez a verme jugar al fútbol. Solo una vez. Tenía yo 15 años y jugaba con el equipo del colegio en el antiguo Campo de La Paloma (de “tierra natural” y sin vallar, por supuesto) y aparecieron dentro del campo un nutrido grupo de gente joven y detrás de ellos unos policías (grises por aquel entonces) a caballo, que los “venían corriendo desde Atocha”. No sé cómo pude regresar a mi casa que estaba a unos 500 metros, escondido entre los coches, no sin antes mi padre llevarse unos pocos porrazos sin comerlo ni beberlo. Evidentemente eran otros tiempos.

Hoy en día sería inviable volver a repetir esta situación, con todas las características que conlleva. Por un lado, la invasión sorprendente del campo que se produjo y, por otro lado, el que en un partido actual de chavales vaya solamente un padre a verlos jugar. O que en toda una temporada un padre vaya a ver a su hijo una sola vez.

Octubre de 1981. Equipo Pozo Vallecano Juvenil. Campeón de 2ª y récord de goles por aquella época. Arriba, primero por la izquierda, PABLO GARCÍA, (director deportivo UNIÓN VB), cuarto por la izquierda, ROGELIO GARCÍA (entrenador juvenil A UNIÓN VB). Abajo, primero por la izquierda MARIANO MADRID (entrenador aficionado UNIÓN VB, directivo y co-fundador de la escuela), cuarto por la izquierda JOSÉ LUIS VARGAS (fisio en el Rayo Vallecano B)

Ya sabemos los que somos padres, cuando nacen nuestros hijos, no nos vienen con un plan de instrucciones o con un manual de montaje. Si fuera así, toda la educación que les damos sería “de serie”. Y lo digo muy en serio, a pesar del juego de palabras. Bastante tenemos con informarnos mediante experiencias de familiares, amigos, conocidos o algún programa de televisión que cogemos al vuelo acerca de su alimentación, vestimenta, higiene, etc. Las cosas más imprescindibles para que crezca sano. Y si enferma, pues al pediatra. Hasta ahí todo correcto.

Pero a veces, muchas veces, se nos queda en el tintero otros aspectos diferentes a algo tan esencial también como que el niño crezca sano. Y es que el niño crezca con cordura. Muchos estarán pensando ahora mismo: ¿cómoooooo? Pues sí, he dicho bien, con cordura, no me he equivocado. Y ¿Qué es la cordura? Tan sencillo como la capacidad de pensar y obrar con buen juicio, prudencia, reflexión, sensatez y responsabilidad.

Los niños ya sabemos que son esponjas en épocas tempranas y los padres somos auténticos referentes para ellos, al menos hasta la adolescencia. En algunos casos ese período se prolonga unos años más, hasta que se ven con verdadera autonomía. Y para que un niño o joven crezca con cordura, los padres debemos actuar en nuestras decisiones obrando con buen juicio, prudencia, reflexión, sensatez y responsabilidad. Y, sobre todo, cuando ellos estén delante o bien cuando tomamos decisiones o realizamos actos que les incumben a ellos directa o indirectamente.

En el caso del deporte pues más de lo mismo. Y en el fútbol, que es la actividad donde estamos, es donde debemos tener mucho tacto y cuidado en aplicar dicha cordura. Retrotraeos en el tiempo aquellos padres que tenéis actualmente un/a chico/a que juega al fútbol en cualquiera de las escuelas/clubs de cualquier punto de España, y recordar cómo fue la idea de “apuntarle” al principio. Yo os propongo varios motivos para ayudaros:

  • Para que mi hijo haga deporte y crezca en un ambiente sano
  • Para que cuando crezca, a ver si le entra el gusanillo del deporte y no está golfeando en la calle
  • Para ocuparle algún tiempo de la semana
  • Para que mi hijo sea futbolista de mayor y así me retire de trabajar
  • Para que mi hijo haga algo que yo no supe hacer
  • Para que mi hijo juegue bien, porque yo fui muy buen jugador
  • Para superar mi ego personal
  • Para vacilar al bobo de “Pepe” cuando llegue el lunes a trabajar
  • Por envidia, porque mi sobrino juega muy bien y el mío no ha de ser menos
  • Para cuando vaya a los partidos soltar el estrés acumulado de la semana en el trabajo o en casa; o en ambos sitios a la vez
  • Para desahogarme con quien sea y canalizar así mi mal humor continuo

Creo que prácticamente la totalidad estará pensando que es la primera y la segunda opción por la que apuntaron a su hijo a jugar al fútbol. Aunque siempre hay una excepción que confirma la regla.

Ahora, regresar al momento actual. ¿Qué hay de aquella decisión aparentemente tomada con cordura, buen juicio, prudencia, reflexión, sensatez y responsabilidad? ¿Sigue intacta? ¿O contrariamente al planteamiento inicial, nos estamos dejando llevar por posiciones más extremas como las que aparecen como cuarta opción y posteriores?

Os pido a todos los padres una reflexión. Pero que sea real y profunda. Siguiendo a muchos equipos y escuelas por Madrid he visto muchos comportamientos muy reprobables, porque en los últimos tiempos, quizás por la crisis, la gente ha estado más alterada en general, pero no justifica ni mucho menos comportamientos exentos de cordura tales como:

  • Chillar a los árbitros durante los partidos (pensar que, si se equivocan en 1ª división, con toda la preparación y medios de que disponen, cómo no se van a equivocar chicos/as que están empezando). Pensar por un momento que esos árbitros son hijos vuestros. Pensar que, en vuestro trabajo, un cliente no para de recriminaros, ¿trabajaríais a gusto?, ¿os equivocaríais más o menos?
  • Chillar a los niños, que también lo hemos visto en los campos de fútbol. Además, que les quitamos iniciativa y personalidad, lo acomplejamos delante de sus compañeros. Y aunque alguno no lo sepa, siempre serás “el padre de”, consiguiendo que a tu hijo se le vayan cerrando puertas. Además de hacer de entrenador personal de tu hijo en la grada, más lío para el niño. Un ejemplo real es que el entrenador le dice a un chico que jugaba de central que saliera y el padre detrás de la portería diciéndole que atrás, atrás.
  • Hacer de entrenador delante del resto de padres: yo haría esto, yo haría lo otro. No hablo de la típica opinión que todos tenemos en fútbol, que es muy respetable. Sino de malmeter contra el entrenador. Ya lo comentaba al principio, que cuando nacen nuestros hijos no vienen con instrucciones, ni nadie nos da un carnet de padres. Pero curiosamente para ser entrenador sí hay un carnet que está avalado por unos estudios previos. Por eso recomiendo que aquel padre que le guste “ser entrenador”, que se anime y se acerque al colegio o academia correspondiente para ejercer desde un banquillo, pero no desde la grada. Y se convierta en un técnico titulado.
  • Recriminar en público delante de compañeros del equipo de su hijo, al entrenador o a los técnicos que dirigen las escuelas o clubs, con palabras altisonantes y a veces con insultos, respecto a decisiones técnicas en cuanto a alineaciones o convocatorias. Aquellos padres que no han tenido contacto con colegios o academias de enseñanza para la obtención del título de entrenador, les hago llegar que en dicha docencia no se imparten las clases solamente de “a ver a quién se me ocurre sacar hoy”, o “a ver a quién se me ocurre dejar sin jugar”, o “a ver a quién se me ocurre subir o bajar de equipo esta semana”, o “ a ver qué plantilla se me ocurre hacer para la temporada que viene”.  El entrenador ha cursado asignaturas como: psicología deportiva, metodología, planificación, preparación física, biomecánica, fisiología del deporte, técnica individual y colectiva, táctica y sistemas de juego, reglas de juego, y algunos conceptos más relacionados con el futbol en general y con el futbolista en particular. Cuando yo estudié contábamos también con asignaturas como psicopedagogía o medicina deportiva. Como veréis las decisiones que tomen los entrenadores o cargos deportivos, tener seguro que son siempre muy meditadas y en base a unos conocimientos. Y si alguno de vosotros tiene alguna inquietud no cabe duda que en cada escuela o club habrá un responsable que os atenderá personalmente; eso sí, mostrando siempre buena educación.
  • Hoy en día con las predicciones meteorológicas, se sabe cuando va a llover y cuando no. E incluso con una intensidad determinada. Entonces, ¿cómo es posible que los niños, empapados de agua, nada más terminar el partido, se los monten en los coches, que les puede dar algo hasta que lleguen a casa? Os extrañará, pero esto lo he visto en varios campos y con varios equipos y escuelas diferentes. ¿Tan difícil es llevar una toalla y una ropa de cambio en una mochila, para que el niño se cambie en el vestuario y suba al coche?
  • Castigar a los niños sin hacer deporte porque no cumplen las expectativas escolares que tenemos para ellos, sin analizar las causas reales de un posible fracaso escolar. El otro día leí un artículo del científico DAVID BUENO acerca del cerebro de los adolescentes donde indicaba que era IMPRESCINDIBLE para estimular cualquier tipo de aprendizaje, tres materias tan simples como el EJERCICIO FÍSICO, LA PLASTICA O MANUALIDADES DEL TIPO QUE SEA y LA MÚSICA (mejor tocando música, pero también escuchándola). Entonces al prohibir o dejar de practicar cualquiera de estas áreas, estamos coartando la correcta evolución del aprendizaje en aquellas materias escolares que se le “atraviesan” a nuestros hijos. Además de que el deporte en equipo fomenta valores como el compañerismo, la solidaridad, la ayuda al compañero que se cae, la motivación, la atención, la concentración, el esfuerzo para conseguir objetivos, y tantas otras cosas que van a ser el reflejo de una vida futura, donde nadie regala nada.

http://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/la-inteligencia-viene-de-serie-o-se-entrena-david-bueno/

  • En aquel 1977 y años posteriores para jugar bastaba con tener dinero para comprarte unas botas, porque el equipo donde jugabas te daba la ropa para jugar el fin de semana y ponía los balones. La verdad es que eran los comercios de la zona o alguien con “posibles” los que se hacían cargo del material. Hoy en día todas las escuelas /clubs se mantienen con cuotas porque no podría ser de otra forma. En dicha cuota no está implícitamente añadido el tener derecho a tener un comportamiento incorrecto como los enunciados anteriormente. Por supuesto que no.
  • Y aún, en el peor extremo de los casos en que se llega a las manos entre familiares de equipos rivales, público con jugadores, jugadores entre sí, agresiones a árbitros, etc. ¿A dónde queremos llegar? ¿Cuál es el límite que nos queremos poner?

Ya sabemos que la mayor parte de padres de los chicos que juegan en todo el panorama nacional son personas con un comportamiento ejemplar, que se alegran cuando a sus hijos les va bien y les entristece cuando a su hijo no le va tan bien; cuestión que nos pasa a todos en cualquier actividad que realizan. Pero yo les recomendaría a todos aquellos padres que en algún momento se han visto reflejados en este tipo de comportamientos exentos de cordura, que se retrotraigan otra vez al momento que apuntaron a su hijo/a en cualquiera de las escuelas/clubs de España y destierren para siempre las actitudes arriba indicadas.

Que piensen un poco en sus hijos y más aún, que retrocedan un poco más, como he hecho yo al principio, y se vean ellos mismos, cuando tenían 8-10-12-14-16 años, a ver si les hubiera gustado que sus propios padres, los abuelos de sus hijos, hubieran actuado sin cordura.

Por favor, quien se sienta identificado en estas actitudes, que las abandone, si quieren que sus hijos no sean señalados, “sin comerlo ni beberlo”; porque al final es lo que queda en la retina. En muchos de estos casos no puede uno disculparse con el árbitro al que se le llamó de todo porque igual ya no le vuelve a ver, o el poner a “caer de un burro” al entrenador en cuestión porque igual lo hicimos hace algún tiempo y ya no está con nuestro hijo. Pero todo aquello que se pueda aún corregir no está de más el rectificar. Todos nos hemos disculpado alguna vez por errores cometidos, aunque nos cueste; el pedir perdón tampoco nos rebaja, sino que nos honra como personas y es un gran ejemplo para nuestros hijos.

Para terminar, yo soy padre también y sé el esfuerzo que supone para todos nosotros el tener que ir arriba y abajo con ellos para que puedan desarrollar actividades que solos no podrían. No porque no sean capaces, sino porque necesitan de un “taxista” como nosotros para desplazarse. Y dichos sacrificios no cabe duda que nuestros hijos nos lo agradecerán. Pero quizás cuando sean un poco más mayores, cuando tengan constancia de lo que “cuestan las cosas”.

Quizás cuando tengan más capacidad de pensar y obrar con buen juicio, prudencia, reflexión, sensatez y responsabilidad. Es decir, cuando se empapen de nuestra cordura.

Pablo García Contreras

(Director Deportivo C.D. Unión Valdebernardo)